La frase recurrente que algunos intentan instalar, entre cobardes e impunes, es que entre los años 1976 y 1983 “hubo una guerra”. Frase que además encierra la mentira más descarada y sucia que la historia argentina recuerde. Porque no hay registro en las bibliotecas que recojan afirmaciones así. Ni siquiera en la llamada “década infame” (entre 1930 y 1943). Período que conoció al Golpe de Estado como una “medida” de escarmiento cuando (según ellos) las cosas no estaban tan bien como deberían. ¿Qué se puede esperar cuando las propias Fuerzas que deben garantizar la soberanía nacional atacan justamente los medios que permitieron que ellos mismos crecieran y se desarrollaran?
Néstor Kirchner fue quizá el más tajante a la hora de llevar su política de derechos humanos (que lo catapultó a la presidencia en 2003) cuando decidió bajar el cuadro de Jorge Rafael Videla de la Escuela Mecánica de la Armada. Recuerdo también que por esos días se barajaba la posibilidad de convertir el antiguo edificio militar en el Museo de la Memoria. Proclama que le valió, como era de esperar, su punto más alto de popularidad desde que asumió la presidencia y que lo acompañó casi por el resto de su carrera presidencial. Fue recién durante la presentación en campaña de la candidata del Frente para la Victoria que la imagen creciente fue frenando debido a las dudas sobre la legitimidad y “honradez” de la designación.
Volviendo al término que da inicio a esta nueva entrada, me gustaría diferenciar para el lector qué tipos de guerra existen en la actualidad y que forjaron el pasado y presente de tantas naciones y pueblos. Entender por qué la guerra se define como “la más vieja de las relaciones internacionales”, la base más antigua y duradera de la política exterior. Sun Tzu, el estratega militar japonés y autor del afamado “Arte de la guerra” la define como “el arte del engaño”, siendo la utilización de estrategias bien definidas y el uso de espías la cabeza y columna vertebral de todo enfrentamiento armado. Libro que trascendió el paso del tiempo para constituirse, en la era moderna, como el libro de elección de muchos a la hora de tomar decisiones porque da instrucciones precisas sobre cómo manejar diferentes imprevistos que se hagan presente para complicar el plan original.
Sun Tzu, en su logro más significativo está hablando de la guerra convencional, pero también de la guerra sucia y la guerrilla. Esas son las tres corrientes por donde fluye el enfrentamiento armado, cuando la diplomacia es un recurso agotado y se exige “atacar antes de ser atacados”.
La guerra convencional se define como el enfrentamiento armado entre dos naciones hostiles que buscan cumplir un objetivo bien diferenciado de las pasiones particulares de los generales y de las cúpulas militares intervinientes. Su objetivo principal es el de vencer al ejército enemigo en los campos de batalla previamente definidos. Es controlar una zona y agotar todo esfuerzo del rival para levantarse. Comunmente se dice que el fin de la guerra es la paz, y no están muy equivocados quienes piensan de esa manera.
La segunda categoría o forma de combate es la guerra de guerrillas. El escenario elegido para este tipo de combate es el urbano, siendo escenario de las batallas las calles de las ciudades en conflicto. Por encima del exterminio total de las fuerzas opositoras está el objetivo de desmoralizar las tropas del enemigo. Lastimar tanto como se pueda en el menor tiempo posible, con operaciones encubiertas y el accionar terrorista como principal modus operandi. Voladuras de puntos estratégicos o bases militares (en el caso que se luche contra un ejército convencional). Llamado además “conflicto de mediana intensidad” debido a que, por lo general, son combatientes con instrucción informal cuyo cuartel general nunca es identificado.
Nos queda, ahora sí, la guerra sucia. Es recién en la tercer categoría que me atrevo a englobar lo que se conoció como el “Proceso de Reorganización Nacional” comandado por Jorge R. Videla (Ejército), Emilio E. Massera (Armada) y Orlando R. Agosti (Fuerza Aérea). Tres generales del más alto rango y prestigio, rebelados contra el gobierno de Isabel Perón. Militares cuyo “sueño” cumplieron al comandar una revolución que acabó con la vida de 30.000 personas. Y digo sueño porque, desatendiendo el principal objetivo de triunfar en una guerra, dieron lugar a sus pasiones personales. Envalentonados por su osadía guiaron y condenaron promociones de sus respectivas fuerzas únicamente por mezquindad, puesto a que nadie en la historia de la humanidad (digan lo que digan algunos) va a premiar esos actos.
La noticia del día, y la más importante del año hasta ahora es que uno de los responsables de darle estructura formal a esta dictadura. El ministro de Economía, entre el 29 de marzo de 1976 y el 29 de marzo de 1981 José Alfredo Martínez de Hoz, de 84 años en la actualidad está internado en el Sanatorio de los Arcos ubicado en el barrio porteño de Palermo. Fue trasladado allí en horas de la tarde de ayer 4 de mayo por sufrir un cuadro médico “complicado” luego de ser revisado por especialistas en su casa ubicada en Retiro.
Recordemos que el ministro de Economía defacto está doblemente acusado por privación ilegítima de la libertad de Federico y Miguel Gutheim (padre e hijo, empresarios textiles) por cinco meses entre noviembre de 1976 y abril de 1977. Fueron obligados, en ese período, a tomar partido de negociaciones contractuales con empresas de Hong Kong que eran partidarias del gobierno militar y de su ministro de Economía el reciente acusado por delitos de lesa humanidad como la desaparición y cautiverio de miembros de la sociedad civil.
Al ser consultada por los medios, la viuda de Federico Gutheim dijo que “el falló llega tarde, mi marido está muerto y a mi hijo ya no le importa. Marion Strupp cierra un pequeño pero importantísimo apartado de la historia argentina. Esto aún no termina, pero hemos dado un paso muy importante en la resolución de las grandes deudas históricas que convinimos tiempo atrás eran necesarias para alcanzar el desarrollo. El Bicentenario comienza a vestirse de gloria gracias a la acción expeditiva del juez Norberto Oyarbide, hoy encargado de llevar esta y otras causas a buen puerto como las denuncias por enriquecimiento ilícito de los actuales gobernantes o funcionarios públicos.
Ojalá haya servido para aclarar cosas que muchos no querría esclarecer y ampliar el debate pensando en el año que corre y el ciclo que se cerrará el año próximo ¿con nuevas caras al frente del Gobierno Nacional? No lo sé, me importa saberlo pero ¿saben qué? Lo bueno es saber que está en nuestras manos definirlo. ¡Que viva la democracia!
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